¿Cómo nombramos a los que buscamos? ¿Cuál es el lenguaje que usa el estado para referirse a ellos? ¿Cuales son las palabras que utilizan las madres buscadoras y diferentes colectivos? Y tal vez una pregunta aún más importante ¿Que cambia cuando utilizamos una palabra en lugar de otra?
Las palabras no solamente describen la realidad, sino que pueden modificar la percepción que tenemos de ella, no es lo mismo hablar de una “persona lo localizada” a hablar de un “desaparecido”, no es igual decir que “hay una carpeta de investigación “ha que hay una persona busca dos a un desaparecido.
En Jalisco el tema de la desaparición de personas es común escucharla en el día a día de esta sociedad, los registros oficiales siguen contando a Miles y Miles de personas día con día cuyo su paradero se desconoce, mientras diversos colectivos y familias siguen buscando respuestas y sobre todo a sus seres queridos, esto sigue siendo un tema preocupante en nuestra vida cotidiana en este estado y en este país.
Pero ¿Qué pasa cuando cambiamos las palabras con las cuales mencionamos está realidad?
En este texto me gustaría abordar la problemática de la desaparición forzada desde un punto de vista poco usual o analizados: el del lenguaje cotidiano. Analizar las palabras que utilizan las instituciones a diferencia de las que son usadas por los familiares de los desaparecidos y/o los colectivos de búsqueda, como nombramos las cosas y/o los sucesos que pasan para así poder percibir la realidad en la cual vivimos, nombrar también es una manera de mirar, las palabras pueden hacer visible una realidad o por el contrario, tratar de ocultar la.
Recientemente analizando un texto de la autora Jenny Saúl sobre los llamados “figleaves” o por su traducción “hojas de higo”. Saúl utiliza estos términos para referirse a ciertos mensajes o expresiones codificados que todos los días se utilizan en la sociedad para suavizar un argumento cargado de racismo, clasismo, sexismo, etc. Por ejemplo, expresiones como “no es racismo, es seguridad“, “no tengo nada en contra de las mujeres pero…”. Pueden funcionar de esta manera: la primera parte de la frase parece rechazar un prejuicio, pero la siguiente parte puede reproducirlo o justificarlo.
Por otra parte, después la autora Saúl también nos habla de “los eufemismos “: estás son palabras o expresiones que sustituyen otras consideradas demasiado directas, duras, ofensivas o políticamente correcta, ejemplos “paso a mejor vida” para referirse a morir, “recorte de personal” para hablar de los despidos, “daños colaterales” para suavizar la cantidad de civiles muertos en la guerra, etc. En este caso las elecciones de las palabras no son neutrales, el lenguaje influye en como interpretamos la realidad, en este caso las “hojas de trigo” y los eufemismos pueden cambiar nuestra percepción del mundo.
A partir de esto me gustaría hablar de un fenómeno particular que a primera vista, podría pasar desapercibido como un figleaves y un eufemismo, pero una vez analizando y prestando atención podemos encontrarlo y confirmar está “suavización” de las palabras para mencionar la situación, el tema es el de la desaparición forzada en Jalisco y el uso lingüístico con la cual hablamos de este hecho. Hablar de este problema social implica mencionar de una disputa lingüística existente ¿Cómo nombras las instituciones aquello que sucede y como lo nombran las familias, los colectivos de búsqueda, y la sociedad civil?
Un ejemplo en esta disputa puede darse entre la diferencia de términos como “persona no localizada” y “persona desaparecida”. Las instituciones suelen utilizar determinadas categorías jurídicas y administrativas para hablar de esta problemática mientras que los colectivos de búsqueda y familiares recuerden frecuentemente a otros términos para describir las problemáticas entorno a la desaparición forzada.
Los términos utilizados por las instituciones por ejemplo al usar “persona no localizada” puede reproducir una percepción distinta de la situación, al estar centrada la problemática a la no localización, la desaparición se percibe como un problema administrativo o jurídico, en cambio frente ante al uso de colectivos y sociedad civil en la utilización del término “desaparecido” para hablar de la crisis social y humanitaria que atravesamos en este país sobre la desaparición forzada. Cuando los “medios oficiales” y las instituciones hacen uso de las palabras como “persona no localizada”, puede percibirse que se está suavizando la situación que implica una desaparición forzada rodeada de violencia, incertidumbre, ansiedad, desesperación, etc.
Así como ya se mencionó también de este modo la desaparición forzada se minimiza a una especie de problemática administrativa y no de una crisis humanitaria, reduciéndola a un concepto jurídico antes de que como un tema de seguridad, las palabras que utilizamos para nombrar las problemáticas sociales son un reflejo en que la sociedad y el estado interpretan, reconocen y representan está realidad, la disputa por las palabras no solo es una cuestión lingüística sino también una enfrentamiento en que manera entendemos y hacemos visible la crisis de la desaparición forzada en Jalisco y México.
Entonces ¿Qué hacemos cuando nombramos?
Una expresión puede transmitir información también puede producir efectos, categorías y responsabilidades, por ejemplo las palabras que mencionamos pueden definir que ponemos en primer plano y cuales decidimos poner en 2do plano, por ejemplo mencionar “desaparición forzada” nos hace reflexionar inmediatamente sobre la privación de la libertad, la violencia, la tortura y más categorías que pudiéramos agregar, la expresión no solo describe una situación, sino también lo coloca dentro de un marco político y social determinado.
En cambio una expresión más burocrática como “persona lo localizada” puede centrar nuestra atención solo en el hecho que una persona no ha Sido encontrada, deja el en segundo plano cuestiones que rodean la situación y las experiencias de dolor, sufrimiento o tortura que puedan estar atravesando la persona o los familiares de esta.
Esto nos lleva a preguntas más profundas como ¿Qué ocurre cuando una problemática social es nombrada con características institucionales? ¿Qué sucede cuando el lenguaje que habla de una realidad termina siendo también el lenguaje con el que la sociedad comienza a comprenderla?
Un fingleaf no es necesariamente es una mentira, más bien permite poner una apariencia de neutralidad para suavizar aquello de lo cual debería estar hablando con precisión sobre la real problemática que está de fondo, esto nos obliga a analizar lo que las instituciones dicen y de qué manera esto crea un poder de discurso que está legitimado porque sale de la burocratización que lo minimiza y no de la sociedad que en este caso lo menciona y problematiza directamente. Cuando una desaparición se minimiza a una categorización burocrática, se puede alejar de la realidad, la violencia y de las responsabilidades que existen detrás del concepto.
Por esto considero importante el deber cuestionar el lenguaje de las instituciones ¿Quién nombra, desde donde y con que consecuencia? Nombrar no solo describe está realidad también puede hacerla visible, ocultarla, minimizarla y/o despolitizarla.