¿Qué está pasando en la UdeG?
El Tema
La Universidad de Guadalajara vive uno de sus mejores momentos financieros y, al mismo tiempo, uno de los periodos más incómodos de su vida interna reciente.

Tiene un presupuesto superior a 19 mil 308 millones de pesos para 2026, un financiamiento estatal que ya cuenta con un piso constitucional, nuevos centros universitarios, una comunidad científica en crecimiento y una matrícula que ronda los 340 mil estudiantes.
El dinero, por primera vez en muchos años, dejó de ser la única conversación posible.
Pero algo está pasando adentro.
En poco más de un año hubo estudiantes que cuestionaron la integración del máximo órgano de gobierno de la Universidad y la representación de la Federación Estudiantil Universitaria; movilizaciones que terminaron entre empujones y denuncias de agresiones; protestas por acoso en preparatorias; reclamos de seguridad alrededor de los campus; profesores de asignatura para quienes la propia Rectoría anunció un programa de “dignificación salarial”; y, en el CUCSH, una autoridad intentó utilizar el estatus administrativo de estudiantes con adeudos como mecanismo para provocar su regularización.
Ninguno de estos hechos demuestra por sí mismo que la Universidad esté en crisis.
Juntos obligan, sin embargo, a formular otra pregunta:
¿Qué está pasando en la UdeG?
La respuesta fácil sería recurrir a una explicación que ha acompañado a la Universidad durante tres décadas: el Grupo Universidad, Raúl Padilla, sus sucesores, la FEU, los sindicatos y los cotos de poder.
Puede haber mucho de eso.
Pero una investigación no debería comenzar por la respuesta.
Debe empezar siguiendo los hechos.
Y los hechos dibujan una Universidad difícil de meter en una sola etiqueta.

Una Universidad con fortalezas institucionales y conflictos internos abiertos. · Spoiler Político · Arte editorial SP UDEG
Una Universidad con dinero
La UdeG tiene hoy una ventaja que durante años no tuvo: mayor certidumbre presupuestal.
La reforma constitucional que estableció un piso para el financiamiento estatal cambió la vieja discusión sobre cuánto dinero recibiría cada año. No significa que tenga recursos ilimitados ni que todas sus necesidades estén resueltas.
Significa que ahora podemos hacer una pregunta distinta:
¿qué está haciendo con el dinero que tiene?
Porque una Universidad con más recursos también debe ser medida con una vara más alta.
Cobertura, infraestructura, profesores, seguridad, investigación, mantenimiento y servicios tienen que verse a la luz de esa nueva capacidad.
Una Universidad que crece
La UdeG sigue ampliando su Red.
Hay nuevos centros universitarios, más infraestructura y récords de admisión.
En 2026-B fueron admitidos más de 21 mil estudiantes de licenciatura. Nunca habían entrado tantos en un calendario.
Pero el mismo dato tiene otra cara: representaron 43 por ciento de quienes buscaron un lugar en ese ciclo.
La cobertura crece.
La demanda sigue por encima de la capacidad disponible.
Y no todos los centros viven la misma realidad. Hay campus capaces de admitir prácticamente a todos sus aspirantes y carreras donde conseguir un lugar sigue siendo una competencia feroz.
Por eso la pregunta sobre los nuevos centros no puede reducirse a cuántos edificios se construyen.
Hay que mirar cuántos lugares generan, con cuántos profesores, laboratorios, bibliotecas, servicios y recursos permanentes.
Crecer no es sólo poner ladrillos.
Una Universidad que también tiene cuentas pendientes con quienes trabajan en ella
La propia Rectoría anunció este año un programa de “dignificación salarial” para profesores de asignatura.
La palabra importa.
Puede ser una buena política.
También reconoce que existe una diferencia que necesita corregirse.
Algo parecido ocurre con otras decisiones recientes. La reducción de la jornada laboral del personal administrativo sin disminuir salario muestra una Universidad capaz de realizar cambios importantes cuando decide hacerlo.
Y eso coloca otra pregunta sobre la mesa:
¿qué problemas persisten porque son difíciles de resolver y cuáles porque durante años no fueron prioridad?
Una Universidad donde también se discute el poder
En septiembre de 2025 estudiantes de distintos centros salieron a cuestionar las elecciones del Consejo General Universitario y la representación de la FEU.
Hubo protestas, asambleas, plantones y denuncias de agresiones.
La Universidad mantuvo el proceso electoral.
Un año después, integrantes de aquel movimiento regresaron a Rectoría denunciando que las agresiones seguían impunes.
Y apenas hace unos días estudiantes y académicos volvieron a votar para renovar los órganos colegiados de gobierno.
La pregunta ya no es solamente quién ganó.
Es otra:
¿cómo se construyen las mayorías dentro de la UdeG y qué tan representativas son?
Ahí aparecerán inevitablemente la FEU, los sindicatos, los nombramientos, las rectorías, los grupos internos y la sombra todavía larga de Raúl Padilla.
Pero llegaremos a ellos después.
Primero hay que entender cómo funciona el sistema.
Una Universidad que publica mucho
La UdeG tiene presupuesto, cuentas públicas, auditorías, estados financieros, información sobre contratos y una estructura formal de transparencia.
No partimos de la idea de que todo está escondido.
La pregunta es más interesante:
¿se puede seguir el dinero?
Es decir, tomar una decisión, encontrar el presupuesto, identificar quién lo ejerció, quién recibió el contrato y comprobar qué resultado produjo.
Porque publicar información y rendir cuentas no siempre significan exactamente lo mismo.
La diferencia está en si los datos permiten entender qué ocurrió.

Una Universidad con protocolos y estudiantes protestando
Los casos de acoso y abuso de autoridad en preparatorias pusieron otro problema frente a Rectoría.
La UdeG tiene desde hace años protocolos, mecanismos de Primer Contacto y procedimientos para recibir e investigar denuncias.
Y aun así, en septiembre estudiantes de distintos planteles salieron a protestar.
Eso no convierte automáticamente en culpables a las personas señaladas.
Tampoco permite concluir que los mecanismos institucionales no sirven.
Pero sí obliga a preguntar algo muy concreto:
¿qué ocurre desde que alguien denuncia hasta que existe una resolución?
Cuánto tarda.
Quién protege a la persona denunciante.
Quién investiga.
Quién decide.
Cuántas denuncias terminan en sanción.
Y qué ocurre cuando el problema señalado involucra a alguien con poder dentro de la propia escuela.
Aquí no basta con saber que existe un protocolo.
Hay que saber cómo funciona.
Una Universidad rodeada por una ciudad insegura
La violencia también llegó a las inmediaciones de los campus.
El hallazgo del cuerpo de una joven cerca del CUCBA provocó protestas por falta de seguridad, iluminación y transporte.
Ese mismo septiembre hubo disparos frente a la Preparatoria 6 y las clases tuvieron que suspenderse.
No sería serio convertir esos hechos en responsabilidad exclusiva de la Universidad.
La UdeG no controla las policías municipales, no administra las calles y no investiga delitos.
Pero tampoco termina su responsabilidad exactamente donde termina la banqueta del campus.
Seguridad interna, iluminación, accesos, protocolos y coordinación con municipios y gobierno estatal forman parte de la vida universitaria.
La pregunta será identificar qué corresponde a cada uno.
Sin repartir culpas por comodidad.
Recorrer la Universidad al revés
Ése será el método de esta investigación.
Partiremos de cada problema y caminaremos hacia quienes tenían capacidad para evitarlo, resolverlo o dejarlo crecer.
Revisaremos quién decide, quién lo nombró, qué órgano debía supervisarlo, cómo llegó al cargo, qué presupuesto administra y qué relaciones aparecen alrededor.
Si al repetir ese ejercicio encontramos los mismos nombres, organizaciones, familias políticas o circuitos de promoción, tendremos algo más importante que la vieja acusación de que existe un cacicazgo:
podremos dibujar cómo funciona realmente el poder en la Universidad de Guadalajara en 2026.
También puede ocurrir lo contrario.
Que descubramos que aquel sistema construido durante la larga era de Raúl Padilla se fragmentó después de su muerte y que hoy existen varios grupos compitiendo por espacios que antes parecían articulados alrededor de una sola figura.
Eso también sería una historia.
Porque la pregunta no es quién manda según la leyenda universitaria.
La pregunta es quién puede decidir hoy, cómo llegó hasta ahí y qué hace con ese poder.
De eso trata esta investigación.
Lo que sigue
Ésta es apenas la primera fotografía.
En las próximas entregas vamos a entrar a fondo en tres preguntas:
¿Quién decide en la UdeG?
Seguiremos las elecciones, el Consejo General Universitario, la FEU, los nombramientos, la transparencia y los grupos que se disputan o comparten el poder.
¿Cómo está creciendo la Universidad?
Revisaremos cobertura, nuevos centros, infraestructura, profesores y si el crecimiento alcanza realmente a quienes buscan un lugar.
¿Quién cuida a los estudiantes?
Seguiremos los casos de acoso, violencia y abuso de autoridad desde la denuncia hasta la resolución y separaremos qué corresponde a la Universidad y qué a municipios y Estado cuando la inseguridad alcanza los campus y sus alrededores.
Vamos a seguir documentos, decisiones, dinero y nombres.
No para confirmar una historia conocida.
Para averiguar cuál es la historia que los hechos cuentan.
Sigue esta investigación. Apenas estamos entrando a la UdeG.

