GROENLANDIA EN LA MIRA
Para Trump, el Ártico ya es zona de “se renta con opción a invasión”.


Trump volvió a coquetear con la idea de “comprar” Groenlandia y la Casa Blanca no descartó usar fuerza militar. Europa y Canadá respondieron: “bro, eso no se vende”.
Qué pasó
Donald Trump reavivó la idea de que EE. UU. “quiera” Groenlandia y, desde la Casa Blanca no se descartó el uso de fuerza militar como opción.
La reacción fue inmediata: líderes europeos y Canadá respaldaron que Groenlandia “pertenece a su gente” y que solo Dinamarca y Groenlandia deciden su futuro.
Por qué importa
Porque Groenlandia no es un “pedazo de hielo bonito”: es una ficha geopolítica con tres superpoderes:
Ubicación clave en el Atlántico Norte (la GIUK Gap), útil para monitoreo militar.
Minerales (litio, níquel, cobre, etc.), o sea: insumos para tecnología, baterías y la pelea global por cadenas de suministro.
Presencia militar de EE. UU. ya instalada: la Pituffik Space Base, vinculada a capacidades de misiles/espacio.
Lo que dicen ellos (y lo que significa)
Groenlandia ha repetido que no quiere ser parte de EE. UU.
Dinamarca anunció 42 mil millones de coronas para reforzar su presencia militar en el Ártico. Traducción: “sí es mío y sí lo estoy cuidando”.
Cómo te pega (aunque tú nomás quieras llegar al jale)
Cuando el Ártico se calienta políticamente, se mueven rutas, minerales, precios y sube la tensión entre potencias. Y cuando las potencias se ponen creativas, el mundo se pone más caro y más nervioso.
Antes era: “el hielo se derrite”.
Ahora es: “el hielo se derrite y llegan los señores con mapa, base militar y ambición”.
