CARTA AL PRIMO JAIME
Bienvenido, Primo. Guadalajara te espera con Mundial, comida y memoria rota. La ciudad que conocimos ya no existe: hoy presume fiesta mientras busca a más de 15 mil personas desaparecidas oficialmente.


Primo:
qué gusto esperarte de regreso a Guadalajara.
La última vez que estuvimos aquí juntos éramos adolescentes.
Todavía existía la casa de los abuelos por San Juan de Dios.
Todavía existía esa Guadalajara donde las señoras barrían la banqueta al caer la tarde,
los vecinos se conocían,
y uno podía cruzar media ciudad en bicicleta sin que la policía te detuviera y te entregara a la delincuencia organizada.
¿Te acuerdas del centro?
Los carros pasaban frente a Catedral.
La gente iba a San Juan de Dios a comprar artesanías, recuerditos y chácharas.
Guadalajara era otra cosa.
No perfecta.
Pero humana.
Y sobre todo:
todavía parecía segura.
Eso ya no existe.
Como tampoco existe la casa de los abuelos, que tumbaron hace años.
Y creo que con ella también tumbaron una parte de la ciudad que conocimos.
Porque Guadalajara cambió.
Y cambió gacho.
Los políticos del primer “cambio”, los que sacaron al PRI del poder, en su tercer gobierno terminaron de entregar el estado a la delincuencia organizada.
Y desde entonces esta ciudad aprendió a vivir con algo nuevo:
el miedo administrado.
Hoy Guadalajara es una ciudad que se vende como moderna, vibrante y cosmopolita,
pero en donde desaparecen personas todos los días. El agua de la llave es intomable (de verdad, no la bebas) y avanza a 11.5 kilómetros por hora en hora pico.
Jalisco ya supera las 15 mil personas desaparecidas oficialmente. Más de 100 mil en el país.
Quince mil en Jalisco.
Y mientras tú lees esto,
siguen desapareciendo más.
Casi seis personas al día.
Seis.
Diarias.
La ciudad aprendió a normalizarlo de una manera aterradora.
Por eso cuando vengas vas a notar algo extraño:
Guadalajara parece feliz.
Pero nomás parece.
Porque esta ciudad se volvió experta en esconder el horror debajo del maquillaje.
Y ahora con el Mundial más.
Por eso quería escribirte antes de que llegues.
No para espantarte.
Ni para arruinarte el viaje.
Al contrario.
Que conozcas la Guadalajara real.
No la de tu infancia, ni la del anuncio de FIFA.
La verdadera.
La que todavía resiste.
La que sigue llena de gente buena.
Porque eso sí sigue existiendo.
La gente.
La calidez.
La comida.
El humor.
Las Chivas.
La capacidad extraña de reírnos incluso cuando todo alrededor parece derrumbarse.
Solo quería que supieras dónde vas a aterrizar realmente.
Porque la ciudad que recuerdas ya no existe.
Pero las heridas que tiene su reemplazo…
esas sí están por todos lados.
Bienvenido Primo.
