¿CÓDIGO AMARILLO?
Levantar el “Código Rojo” puede ser necesario para reactivar la vida económica. Pero decretar normalidad no es lo mismo que construir seguridad.


El martes 24 de febrero de 2026, el gobernador Pablo Lemus informó que se levantaba el “Código Rojo” en Jalisco para “normalizar actividades”, tras los narcobloqueos y quema de vehículos detonados por el operativo del 22 de febrero en Tapalpa.
El problema es el hueco que queda entre la frase “ya está controlado” y lo que vive la gente cuando la violencia muta: bloqueos, incendios aislados, rumores en redes y miedo en la calle.
Hechos
22 de febrero de 2026: se reportaron enfrentamientos, bloqueos y quema de vehículos en Jalisco; autoridades activaron Código Rojo.
En los días posteriores, medios y autoridades reportaron un volumen muy alto de puntos con bloqueos y afectaciones; incluso funcionarios admitieron límites de capacidad (“no había estado de fuerza” para tantos puntos).
24 de febrero de 2026: se comunicó el levantamiento del Código Rojo.
Aun así, ese mismo día se reportaron incendios/vehículos quemados en colonias de Guadalajara.
En paralelo, hubo desinformación masiva tras el operativo, amplificando pánico y confusión (contenido engañoso y manipulado).
El fondo: el “Código Rojo” existe… pero ¿y el manual para la ciudadanía?
Aquí es donde entra mi pregunta incómoda: si el rojo es la alerta máxima, ¿qué sigue cuando “se levanta” pero el riesgo no desaparece, solo cambia de forma?
A eso le llamo, políticamente hablando, “código amarillo”: no es calma; es vulnerabilidad administrada. Y si no hay protocolos claros, esa administración se vuelve improvisación.
Porque un protocolo real no es un post en redes ni una frase tranquilizadora. Es:
qué se activa,
quién manda,
qué se suspende,
qué se comunica,
cómo se protege a la población,
y cómo se mide si funcionó.
Cuando eso no existe (o no se usa), lo que queda es lo que ya vimos: pasividad operativa, mensajes generales y ciudadanía adivinando.
Lo urgente (y lo medible)
Si de verdad se levantó el rojo, lo responsable es que el Estado publique y ejecute, al menos, tres cosas:
Protocolo público y entendible
Qué significa cada nivel (rojo/alerta máxima), qué cambia para transporte, escuelas, carreteras, eventos, y qué canales son oficiales.
Revisión y renovación completa del modelo de reacción
Si se aceptó que “fueron tantos puntos” que no alcanzó el estado de fuerza, entonces toca rediseñar: despliegue, coordinación metropolitana, reacción a bloqueos múltiples, protección de vías críticas.
Comunicación de crisis que derrote a la desinformación
Porque cuando el vacío informativo lo llena el rumor, el cártel ya ganó una parte: la psicológica.
Levantar el “Código Rojo” puede ser necesario para reactivar la vida económica. Pero decretar normalidad no es lo mismo que construir seguridad.
La pregunta es simple y brutal: ¿vamos a esperar al siguiente bloqueo para “activar” algo… o de una vez vamos a tener protocolos vivos, modernos y verificables?
