DESPRECIO OFICIAL
La banalidad no es el chiste; es el mensaje. Si el poder te responde con mentadas o con “cafecitos”, te está diciendo: tu crítica no merece argumento; merece burla.


Según la recomendación 17/08 de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Jalisco (CEDHJ), el gobierno que se siente impune no debate: descalifica. Y cuando se enoja, se le sale el desprecio.
Lee la recomendación hecha a Emilio González Márquez: https://historico.cedhj.org.mx/recomendaciones/emitidas/2008/rec0814.pdf
Primer acto: abril de 2008
El contexto no era un mitin privado. La CEDHJ documentó que el “Banquete del Hambre” (Expo Guadalajara, 23/04/2008) fue un acto oficial con medios presentes, donde el entonces gobernador Emilio González Márquez habló como gobernador, no como “ciudadano calentón”.
La frase que quedó para la hemeroteca (y para la recomendación) fue esta, dentro de su discurso:
“Digan lo que quieran… perdón, señor cardenal, chinguen a su madre.”
Y no fue solo la grosería: la CEDHJ asentó que el Ejecutivo mostró intolerancia a críticas por el donativo ligado al Santuario de los Mártires y que el vocablo fue usado “con la intención de agredir y ofender” a quienes lo criticaban.
En el mismo discurso aparece la lógica completa del desprecio: “me vale madre” lo que digan “algunos poquitos”, y “la gente votó por mí” como escudo para aplastar la crítica.
La CEDHJ fue más allá del regaño moral: en su recomendación concluyó que Emilio González violó derechos humanos de inconformes y usó “lenguaje impropio de su investidura”. También dejó asentado el marco de responsabilidad administrativa y pidió al Congreso determinarla.
Y sí: hubo disculpa al día siguiente (24/04/2008, Tamazula de Gordiano), pero la propia Comisión consideró pertinente que la reiterara públicamente a medios, “en especial por la mención de la figura materna”.
Segundo Acto: febrero de 2026
Salto a febrero de 2026. Distinto estilo, misma estructura: crítica social, respuesta desde arriba, caricaturizar al crítico.
Pablo Lemus defendió su comentario de que su tarjeta bancaria podía servir para pagar transporte… o “un cafecito en Nueva York”, y remató así:
“Parece ser que esto indignó a la clase de la extrema izquierda…”
Luego vino el giro de stand-up gubernamental: anunciar una rifa de seis vuelos a Nueva York (tres pagados por él y tres por Volaris) “para… echarse un cafecito”.
No es error de comunicación, es desconexión moral” y el problema no es el café, es el tono: gobernar no es hacer stand-up.
Tercer acto: del “¡chinguen…!” al “extrema izquierda”
No es que Lemus haya repetido la mentada. No. Lo que se repite es el mecanismo de poder, aquí te lo explico:
Deshumanizar al crítico. En 2008 fue “algunos poquitos”, “me vale madre” y “chinguen a su madre”. En 2026 es “voy a rifar de mi lanita”, “pa’ que se echen un cafecito”, “la clase de la extrema izquierda”.
Cambiar el debate por espectáculo. En 2008, el enojo en público se volvió “show” con aplauso/choque y acabó en recomendación de por la violación a los derechos humanos de los ciudadanos, por parte del entonces gobernador. En 2026, la política pública se “defiende” con una rifas y chistes de cafecito.
Blindarse con la idea de mayoría. Emilio: “la gente votó por mí” como permiso para despreciar prensa y oposición. Lemus: convertir la crítica en “extrema izquierda” también funciona como etiqueta para que la audiencia no escuche el fondo.
Spoiler:
La banalidad no es el chiste; es el mensaje. Si el poder te responde con mentadas o con “cafecitos”, te está diciendo: tu crítica no merece argumento; merece burla.
Si en 2008 hubo recomendación por un discurso “impropio de la investidura”, ¿qué vamos a normalizar hoy: que el gobernador sea influencer con presupuesto o servidor público con responsabilidad?
