DESPUÉS DEL MENCHO.

Tras la muerte de El Mencho, el mayor riesgo no sería la caída del cártel, sino algo más viejo y brutal: que la venganza, dentro y fuera del Estado, vuelva a convertir la seguridad en carnicería.

Jorge Ramírez

3/16/2026

En los escenarios imaginados tras la muerte de Nemesio Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, se ha insistido mucho en la fragmentación violenta del CJNG, en esencia una lucha interna y despiadada por controlar el imperio criminal que construyó esta organización en un tiempo récord. Sin embargo, no se ha pensado en un factor que también puede desencadenar por sí mismo mucha violencia, con o sin la mencionada fragmentación: la venganza.

La venganza de Tanhuato

La venganza es un deporte nacional en un país que no produce justicia, pero como motivación de individuos y organizaciones armadas, legales o no, es una fuente constante de violencia extrema. Se pueden mencionar varios sucesos violentos vinculados con el CJNG y su relación con otras organizaciones armadas, incluidas entre éstas las fuerzas de seguridad, que respondieron a lógicas de venganza.

Quizás el más sangriento de ellos fue cuando el CJNG asesinó a 5 integrantes de la división de gendarmería de la extinta Policía Federal Preventiva en marzo del 2015 en un tiroteo en Ocotlán, Jalisco, donde perdieron la vida también 6 civiles, entre ellos 3 integrantes del cartel. Apenas unas semanas después, la Policía Federal tomó por asalto un rancho ligado al CJNG en el municipio cercano de Tanhuato, Michoacán, con un saldo de 42 muertos, todos ellos trabajadores del lugar, aunque muchos oriundos y residentes de Ocotlán. La CNDH documentó 22 ejecuciones extrajudiciales. La opinión popular dictó que se trató de una brutal venganza de la policía federal por la agresión ocurrida semanas atrás.

Una institución agraviada

El pasado 22 de febrero, mientras ocurría el arresto-asesinato de El Mencho en la sierra de Tapalpa, el CJNG comenzó a disparar contra cuarteles y personal de la Guardia Nacional, más como acción de represalia contra las fuerzas armadas que para obstaculizar o disuadir el desarrollo de los operativos contra esa organización. El saldo fue insólitamente sangriento: 25 elementos de esta corporación perdieron la vida ese día y una baja adicional se sumó después.

La palabra “venganza” ha brotado en las conversaciones públicas posteriores a este evento. Se habla de que habrá venganza contra objetivos gubernamentales por el operativo contra el líder del CJNG o en contra de grupos o facciones internas del cartel bajo el supuesto de traición. Dudo mucho que alguno de ellos se materialice. Sin embargo, se ha perdido de vista la que podría provenir de la propia Guardia Nacional. Aunque no se espera que una fuerza del estado haga algo de esa naturaleza, en los hechos hay que esperar cualquier reacción en una corporación que ese día fue atacada alevosamente y puede tener un vivo sentimiento de agravio. La Guardia Nacional es, a final de cuentas, una institución militar y, como tal, considera al CJNG una organización enemiga, no una pandilla de delincuentes a los que debe detener y llevar ante la justicia.

Dos lógicas para enfrentar al CJNG

Hasta el 22 de febrero pasado, el enfoque de seguridad dominante en la lucha contra el CJNG había sido civil. Bajo la coordinación de la secretaría al mando de Omar García Harfuch se habían desarrollado numerosos operativos que tuvieron como finalidad detener y poner a disposición del juez a cientos de integrantes de esta organización en todo el país. Sin embargo, ha habido otros operativos, éstos a cargo de militares, que aparentemente responden a la misma lógica, pero han tenido como saldo parcial otro muy distinto: la muerte de presuntos delincuentes. En mayo del año pasado, una acción de la Marina en el municipio de Huitzontla, Michoacán, llevó a la captura de 9 sicarios del CJNG, pero también hubo 12 víctimas mortales. Al menos una de ellas, era un adolescente reclutado en Jalisco por el cartel semanas atrás, según una investigación que hice por mi cuenta. Los familiares no quisieron darme ninguna información adicional, salvo un detalle, antes de bloquear toda comunicación conmigo: el joven había sido asesinado con un disparo en la cabeza.

"Les vamos a rajar su madre"

La posibilidad de que la búsqueda de venganza contra el CJNG se convierta en un objetivo no declarado de las fuerzas de seguridad en las próximas semanas recibió un impulso inesperado el pasado 14 de marzo. Ese día se anunció el abatimiento de 4 presuntos integrantes del CJNG, que se desplazaban en un vehículo y se negaron a ser detenidos, según la versión oficial, en el vecino estado de Colima, donde el cartel tiene el control de zonas estratégicas, incluido el puerto de Manzanillo. La muerte de estas personas, entre ellas un jefe de sicarios apodado El Joker, fue como represalia directa por el ataque del 27 febrero contra elementos de la policía estatal, donde perdió la vida uno de ellos y una más quedó herida. Ese día, el flamante secretario de seguridad del estado, el teniente de la marina Fabián Gómez Calcaneo --quien llegó al cargo a principios de febrero en sustitución de Gerardo Romero, hombre cercano a García Harfuch--, en plena movilización por el suceso, mientras abordaba presuroso un vehículo, explicó exaltado a los periodistas lo que estaban haciendo para ubicar a los agresores y soltó, ya lejos de los micrófonos, pero todavía audible: “Les vamos a rajar su madre”.

El riesgo de una escalada de la violencia en Colima es muy alto. Es poco probable que el CJNG ignore lo sucedido y modere su violencia en la zona. Si eso llegara a suceder, será difícil que se mantenga como un conflicto local y terminará por contagiar a Jalisco, donde otras fuerzas armadas tal vez busquen cobrar sus propias facturas pendientes con el CJNG.

Profesor Universitario, X @joraplas