EL MENCHO, EMPRESARIO DE LA VIOLENCIA

El CJNG no es solo un cártel de drogas; es una empresa que “produce” violencia organizada y la volvió mercancía rentable.

Jorge Ramírez

La mañana del domingo terminó de confirmarse que, entre los muertos por un operativo de fuerzas federales en la sierra de Tapalpa, Jalisco, se encontraba Nemesio Oseguera, El Mencho, líder del CJNG, organización que contribuyó a crear y de la que fue líder durante tres lustros.

Se sabe que el CJNG es una organización criminal dedicada, entre otras cosas, a la producción, tráfico y venta de drogas, inicialmente especializada en la producción de metanfetaminas. Sin embargo, poco se reconoce que el CJNG ha sido también una organización que produce exitosamente violencia organizada, una mercancía cuyo precio se disparó por las nubes como resultado de la infructuosa y sangrienta lucha contra narcotráfico que emprendió el expresidente Felipe Calderón.

En un documento que se filtró hace unos años, se hacía referencia a una carta que envió El Mencho al entonces recién electo Gobernador de Jalisco, el priísta Jorge Aristóteles Sandoval. A través de ella ofrecía que el CJNG podía encargarse de la seguridad en el estado, pidiendo a cambio, seguramente, algo que parecía casi nada: que los dejaran “trabajar”. Sólo eso. Sin duda, El Mencho conocía bien el valor de ese ofrecimiento, por su experiencia anterior como policía municipal en Jalisco y más tarde como miembro de una célula conocida como los “Matazetas”, a quien se le atribuye una campaña brutal en contra de ese cartel en el estado de Veracruz.

Se desconoce la respuesta de Jorge Aristóteles y la clase de acuerdos que tuvo con el CJNG. De lo que no hay duda es que, bajo su mandato, el CJNG comenzó a asesinar y desaparecer de manera brutal a miles de personas, no sólo a integrantes de los Zetas y de La familia Michoacana, sino también a antiguos aliados dentro del cartel del pacífico, en franca disputa por el control del estado. También entre las víctimas comenzó a contabilizarse a delincuentes comunes, a gente que había purgado alguna condena y a quienes eran señalados de incurrir en robos, extorsiones, violación, abuso sexual infantil, entre otros.

El CJNG fue creando un monopolio de la violencia en casi todo Jalisco, al asesinar, torturar, sobornar o amenazar a los integrantes de las fuerzas de seguridad que se oponían a su control, tardaban en alinearse o llegaban a cometer “errores”. Lo mismo ocurrió con los microempresarios informales de la violencia: pandillas, grupos de delincuentes o matones de barrio que se beneficiaban de emplear la fuerza física a pequeña escala y sin autorización del cartel.

En mi opinión, parte de la fuerza, eficacia y continuidad del CJNG hay que buscarlas en la habilidad de El Mencho para rentabilizar un producto, la violencia, en el que se había vuelto él mismo un experto productor y en el que de cualquier manera tenía que hacer considerables inversiones si aspiraba siquiera a sobrevivir en un mercado dominado ya por grandes empresas violentas.