FIESTA CON SOMBRA

Un video muestra a la Presidenta municipal interina de Tequila en una fiesta, coreando narcocorridos, mientras el municipio enfrenta investigaciones federales por extorsión. Morena Jalisco repite apuestas polémicas otra vez. ¿Por qué?

PORTADAJALISCO

Isaac Guzmán

2/10/20263 min read

La fiesta arranca como arrancan las fiestas que no piden permiso: de noche, en un patio de tierra, con mesas plegables vestidas de mantel rosa y un desorden honesto de vasos desechables, botellas y latas sobre la mesa. Al fondo, una lona blanca hace de techo improvisado y la oscuridad se cuelga de los árboles como si también estuviera invitada.

La cámara está cerca de una mesa donde un grupo convive sin pose. Hay risas abiertas, de esas que se sueltan con la cara completa, y una mujer —sentada, cabello largo— se vuelve el centro natural del cuadro: se inclina, sonríe, levanta el brazo como quien canta y cobra la canción con el cuerpo. No necesita micrófono: su gesto hace el trabajo.

A un paso de ella aparece la música, literal: un músico con sombrero vaquero se planta enfrente con un acordeón negro ceñido al pecho. No llega “a tocar”, llega a meterse a la escena. Se acerca a la mesa, se agacha un poco para quedar al nivel de quienes están sentados, y juega con la distancia como lo hacen los buenos: lo suficiente para que la canción se sienta personal, pero sin invadir. El acordeón se abre y se cierra; el cuerpo del músico acompaña el ritmo con una seguridad de oficio.

Detrás, la banda completa el paisaje. Se ve pasar una tuba brillante que refleja las luces como espejo de feria. Y en otro ángulo, un guitarrista rasguea cerca de la mesa larga del fondo, donde quedan sillas rojas y blancas mal acomodadas, como si la cena ya hubiera pasado y ahora todo fuera puro “after”: plática, música y carcajada.

La mujer frente al acordeón responde con lenguaje de fiesta: levanta el índice, marca el compás en el aire, y por momentos parece cantar de vuelta, como si la canción fuera una conversación. No es un performance formal: es esa complicidad típica cuando la banda toca “a la mesa” y la mesa se siente importante. Cada gesto de ella provoca reacción: alguien al lado se ríe, alguien se gira para ver mejor, alguien levanta la mano como aprobando el momento.

Más adentro, bajo la lona, otra mujer se lleva las manos al rostro como quien celebra con sorpresa, y alguien más sostiene el celular en alto, grabando. No graban por protocolo: graban porque saben que esto, mañana, va a ser “¿te acuerdas?”; graban para guardar el pedazo exacto de noche donde todo estaba bien, aunque sea por un minuto.

La cámara se mueve nerviosa, se va a la mesa, vuelve al músico, se pierde en el brillo de la tuba, regresa al rostro que ríe. Y en ese vaivén queda claro lo único que importa aquí: no hay escenario, no hay vallas, no hay solemnidad. Hay tierra bajo los pies, lona arriba, música en la cara y un grupo de gente dejándose llevar.

La fiesta, vista así, no necesita explicación. Se entiende sola: la banda toca, la mesa contesta, las risas firman. Y la noche sigue, como siguen las noches buenas: sin prisa y con música pegada a la piel.

La crónica describe una escena que hoy circula en video: una fiesta nocturna en Tequila, y el contraste que produce porque en el cuadro aparece Lorena Marisol Rodríguez Rivera, quien fue nombrada presidenta municipal interina tras la detención del alcalde Diego Rivera Navarro.

Algo pasa en Morena Jalisco. Existe un patrón: una racha de apuestas por perfiles que, por una u otra razón, llegan cargando polémica en el debate público —Claudia Delgadillo, Chema Martínez, Carlos Lomelí, Ricardo Villanueva; luego Diego Rivera Navarro y ahora Lorena Marisol Rodríguez Rivera. En Tequila, el Cabildo la nombró presidenta municipal interina tras la detención de Rivera Navarro, ella es cercana a su círculo.

Al mismo tiempo, está sobre la mesa el contexto de investigaciones federales por una presunta red de extorsión atribuida a la administración anterior, mientras en redes circula el video de esa fiesta: ella aparece sonriente, cantando a pulmón un narcocorrido que presume un “señor de los gallos”.

En Tequila el contexto no es “chisme”: es expediente.