JÓVENES EN FOSAS.
Tenía 18. Salió y no volvió. Días después lo encontraron bajo tierra. No es un caso aislado: es un patrón en Tlajomulco. ¿Quién los está desapareciendo… y quién no los está buscando?


La Comisión de Búsqueda publicó su cédula el 4 de abril. Aparece en una foto inusualmente nítida, de medio perfil, mirando con curiosidad hacia un punto elevado que no aparece a cuadro y sonriendo ligeramente. Decía que tenía 18 años y que el 23 de marzo fue la última vez que fue visto en una colonia de Tlajomulco de Zúñiga.
Cuando apareció la ficha, pensé de inmediato que fue reclutado por el CJNG. La edad, el lugar y la fecha coinciden con un patrón de desaparición reconocible desde hace al menos dos años.
Compartí la foto con la periodista Gabriela Alegría y su hipótesis fue la misma. Marzo es un mes de intenso reclutamiento criminal en Jalisco, después de un lento crecimiento durante enero y febrero. El chico de la foto se habría esfumado entre ellos, supuse. Si lograba sobrevivir o se escapaba antes, podríamos saber qué ocurrió en tres o cuatro meses.
No fue necesaria esta espera. El 9 de abril una llamada anónima llevó al colectivo "Guerreros Buscadores de Jalisco" a inspeccionar una vivienda no muy lejos de la colonia donde se le vio por última vez. Después de escarbar menos de un metro lograron dar con su pie.
La foto que circuló en las redes del colectivo muestra la extremidad semienterrada, con los tejidos necrosados, pero aún reconocibles. ¿Había sido segmentado? Le pregunté a Indira Navarro, lideresa de la agrupación y quien había coordinado el descubrimiento y la exhumación. Me respondió que no, que lo habían extraído íntegro, con más de dos semanas de evolución cadavérica.
El lunes 23 de marzo iniciaron las vacaciones de Semana Santa. A pocos kilómetros de ahí, para miles de jóvenes de su edad, fue el primer día de ocio, sin clases, ideal para levantarse tarde, no hacer nada, a la mejor ni siquiera en la ciudad, sino disfrutando de la playa o de otro destino turístico.
Esto no sucedió con él. Ese día parece que le quitaron también la vida, no sólo su libertad, quizás después de golpearlo. Recién había salido de un anexo en el que estuvo recluido. Sus verdugos esperaron esa fecha para, con engaños, llevarlo al lugar donde terminaron quitándole la vida, supuestamente en desagravio de una afrenta que, al parecer, ni siquiera cometió. Lo confundieron con otro, les confió el informante anónimo que guió los pasos del colectivo hasta ese punto.
Quienes lo asesinaron y enterraron simplemente se mudaron de esa vivienda, que habían ocupado temporalmente, a otra igualmente abandonada, una facilidad que ofrecen los fraccionamientos de la zona, "pueblitos mágicos", como los llamó con humor negro un rapero del lugar en un video que circula en redes, en rola improvisada: "porque te desaparecen, pero parece que no".
La historia de este joven se repite una y otra vez en Tlajomulco desde hace años y siguiendo el mismo guion. Cuando no es directamente el cártel, que los seduce sacándolos de su barrio y llevándolos a la muerte o a la cárcel a decenas o cientos de kilómetros de ahí, son sus testaferros o emuladores que matan casi por nada y desaparecen a sus víctimas por rutina. O más probable: porque pueden desaparecerlas tan fácilmente, asesinarlas se reduce a un mero trámite. En un municipio que tiene entre 70 mil y 80 mil viviendas abandonadas, el ocultamiento de víctimas se ha generalizado.
El guion también es el mismo desde otro ángulo. No suele ser la policía investigadora quien localiza esos sitios, sino los colectivos de búsqueda. La autoridad ha sido incapaz de prevenir que sigan ocurriendo más casos, pero también de perseguir y castigar a los responsables.
Un Estado que asume un rol meramente testimonial o de coadyuvante, ha convertido el delito de desaparición en el "crimen perfecto", como lo calificó el Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU en el informe de su visita a México, a menos que un testigo directo, o a quien le contaron el suceso, decida confiar lo que sabe en personas que, buscando a sus propios desaparecidos, se han convertido en la única esperanza de verdad y justicia para decenas de víctimas diarias.
Profesor universitario a quien también puede seguir en X @joraplas.
