LA DESAPARICIÓN DE GERARDO LÓPEZ.

Salió de casa a plena tarde. No volvió. La desaparición de Gerardo López deja una pregunta brutal: ¿cómo se esfuma alguien sin motivo, testigos ni respuesta?

Jorge Ramírez

4/19/2026

Beatriz ha soñado a su hermano varias veces. Se le aparece triste, le da a entender que aún no puede regresar y se marcha. Ella confía en que algún día será distinto: le revelará dónde se encuentra y podrá ir a su rescate.

Gerardo López Lemus desapareció el 12 de octubre de 2022, en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco. Tenía entonces 40 años. A las 2 de la tarde salió de su domicilio ubicado en Novaterra, un fraccionamiento localizado en el polígono de mayor incidencia de reportes de desaparición. Le dijo a su pareja que no tardaría, que iba a cambiar el tapón de radiador de su Tsuru, un auto modelo 2012 al que le tenía un afecto especial y cuidaba con esmero. Lo había comprado en Coahuila y desde ahí se lo llevó manejando a Tlajomulco.

Gerardo se dedicaba a vender servicios de televisión e internet. La misma ocupación que tuvo en Coahuila y antes en Mazatlán. Tenía habilidad para las ventas y buscaba un mercado grande, que le diera ingresos suficientes para sostener a los 4 hijos que tuvo con parejas anteriores y que se habían quedado en el puerto. Su búsqueda de ingreso lo llevó a Tlajomulco. Un amigo lo convenció de que en ese municipio había una gran demanda de sus servicios y viajó con ese propósito. Era el 2018. Durante cuatro años se dedicó a recorrer la zona enfundado en su overol azul y manejando su fiel Tsuru, ambos con logos de las empresas de TV que comercializaba.

Lo que iba a ser una salida breve se transformó en una espera interminable. La pareja de Gerardo comenzó a enviar mensajes y a llamarle, sin éxito. Su celular estaba apagado. Decidió esperar. Al otro día recibió una respuesta. No era de Gerardo. El mensaje venía de alguien desconocido que le preguntó qué quería, con palabras altisonantes. Le dijo que lo tenía una organización criminal y que dejara de estar “chingando”. Ella entró en pánico, apagó su celular y decidió huir de su casa.

Una semana después le llamó a Beatriz y le contó lo sucedido. Gerardo es de Sinaloa y casi toda su familia vive ahí. Comenzó entonces para ella su propio calvario, entre darse tiempo para viajar a Guadalajara a empujar el caso de su hermano, cuidar a su padre enfermo y atender su propia salud.

El rastro de Gerardo se perdió desde ese día. Nunca más han recibido otro mensaje ni hubo manera de contactarlo a su celular, aunque se mantuvo activo varios días después. Las hipótesis sobre su suerte y paradero se desgranan en varias direcciones y Beatriz no ha dejado de tener esperanzas de que alguna de ellas sirva para encontrarlo. Lo que sí está segura es que Gerardo no estaba vinculado a nada ilegal ni tampoco consumía ninguna droga.

A los pocos días de su desaparición, mientras su pareja colocaba en la calle copias de su cédula en la misma zona, dos personas la abordaron y una de ellas le dijo que creía haberlo visto no lejos de ahí tratando de arreglar su auto. Añadió que se detuvo un comando armado cerca de donde él se encontraba y ya no vió más porque comenzó a correr para ponerse a salvo. El supuso que también Gerardo había hecho lo mismo, pero hoy se daba cuenta de que probablemente lo habían levantado.

Beatriz cree que pudieron haberlo privado de su libertad porque sus conocimientos del oficio, de la zona y su automóvil podrían haber sido útiles a sus secuestradores. De hecho, el auto se esfumó también ese día, aunque varios meses después lo encontraron desvalijado, cubierto de polvo y abandonado en el vecino municipio de San Pedro Tlaquepaque. Piensa también que pudo ser reclutado a la fuerza y que lo condujeron a un lugar de adiestramiento en Zapopan. Fue ahí donde se registró la última ubicación de su celular, suponiendo que aún lo trajera consigo.

Todo esto ha sabido Beatriz como parte de una investigación que avanza a cuentagotas, con largos periodos de inactividad. La carpeta de su hermano no muestra ninguna diligencia, es un manojo de oficios solicitando información que no se ha traducido en pistas firmes para llegar a la verdad. Esto la ha llevado a presentar quejas ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos que, por desgracia, tampoco han logrado acelerar las investigaciones.

Beatriz no pierde la esperanza. Viaja a Guadalajara en cuanto sus recursos y salud se lo permiten. Mientras llega el sueño que la guiará a donde se encuentra su hermano, abraza las búsquedas de otras personas desaparecidas. Sin planearlo, se ha convertido en una activista de esta causa: apoya las tareas de varios colectivos en todo el país, promueve sus iniciativas y difunde cédulas de búsqueda.

Gerardo desapareció a plena luz de día, en una calle transitada de la ciudad y con posibles testigos de su privación de la libertad. Sin motivo. Sin razón. Sólo porque sí.

Profesor universitario a quien también puede seguir en X @joraplas.