LA TORMENTA PERFECTA.
Guadalajara vende Mundial, mariachi y postales. Pero debajo del maquillaje hay otra ciudad: narco bloqueos, desapariciones, agua cuestionada, brote de sarampión, lluvias mortales, incendios, transporte insuficiente y una movilidad que ya va reventada antes del silbatazo inicial.


“¿Cuál es el riesgo para un turista que venga al Mundial?”, me preguntó hace unos días una periodista británica que vino a investigar qué tan segura es Guadalajara después de la caída de El Mencho.
La respuesta honesta no cabe en un folleto turístico. Guadalajara será sede de cuatro partidos del Mundial, todos en junio, y llega a esa cita después de una sacudida de violencia que obligó a blindar incluso el partido de prueba con más de 2 mil policías.
El primer riesgo es quedar atrapado en la lógica de una ciudad donde el crimen organizado ya demostró que puede prenderle fuego a la vida cotidiana.
No es metáfora. En 2018, la quema de un camión de pasajeros mató a Elizabeth de la Rosa y a su hijo Tadeo. El mensaje es brutal: aquí los camiones también pueden convertirse en trampas mortales y barricadas.
El segundo riesgo no es espectacular, pero sí constante: moverse mal, tarde y a contrarreloj. El propio sistema metropolitano reconoce 11.8 millones de viajes diarios en el AMG, con una duración promedio de 26 minutos por trayecto.
El Plan Estatal admite además que la cobertura del transporte público en el área urbana metropolitana es de 67.2% y que 32.8% del territorio urbano se queda sin cobertura. A eso súmele una ciudad que TomTom colocó en 2025 en el lugar 17 mundial por congestión, con 28 minutos 18 segundos para recorrer 10 kilómetros y una velocidad promedio en hora pico de apenas 17.4 km/h. No es solo un transporte insuficiente: es una movilidad que ya llega cansada al Mundial.
El tercer riesgo es más hondo: desaparecer en una entidad donde la crisis de personas no localizadas dejó de ser nota roja y ya es paisaje. Hoy en México hay más de 132 mil personas desaparecidas y Jalisco concentra 10% del total.
En ese mismo texto, desde el año pasado, colectivos han hallado al menos 500 bolsas con restos humanos en cuatro fosas dentro de un radio de 20 kilómetros del Estadio Akron. Y el reclutamiento criminal mediante ofertas falsas de trabajo no es una hipótesis paranoica: es un método documentado en Jalisco desde hace años y vuelto a exhibir por el caso Teuchitlán.
El cuarto riesgo sale por la llave. En marzo, persistieron los reportes de agua turbia y con olor en Guadalajara. Durante 2025 el SIAPA rebasó en 17 ocasiones el parámetro de coliformes fecales en agua domiciliaria, cuando la norma exige cero. Y las propias autoridades sanitarias de Jalisco recomendaron no usar el agua de la llave para beber o cocinar. O sea: en la ciudad que quiere recibir al mundo, el visitante tiene que preguntar primero si el agua se toca, se hierve o se compra.
El quinto riesgo es sanitario. El brote de sarampión en Jalisco no desapareció: en febrero el estado acumulaba 1,776 casos confirmados y México 26 defunciones, según información oficial difundida por el gobierno estatal.
A mediados de marzo, Salud reportó una reducción de al menos 30% en las últimas dos semanas y más de 2 millones 811 mil dosis aplicadas, lo que habla de contención, sí, pero también de que el problema seguía lo bastante vivo como para sostener brigadas intensivas y barridos en colonias con casos activos. No es una alarma inventada: es un brote que obligó a entrar en modo campaña.
El sexto riesgo cae del cielo y baja por las calles. Guadalajara jugará Mundial el 11, 18, 23 y 26 de junio; justo en la ventana en la que especialistas de la UdeG estiman el inicio del temporal, entre el 13 y el 17 de junio.
No se trata de una lluvia pintoresca para la foto: el temporal de 2024 dejó 16 muertes en Jalisco y para septiembre de 2025 ya iba en 18 víctimas, por encima de todo el año anterior. En julio pasado, una mujer fue arrastrada por la corriente en La Martinica mientras conducía su motocicleta. Por eso los municipios ya arrancaron desazolves desde enero, admitiendo rezagos y crecimiento urbano desordenado. Aquí la tormenta no adorna la postal: se lleva motos, carros y personas.
El séptimo riesgo está en el aire. El periodo crítico de incendios forestales en Jalisco va de marzo a junio, exactamente la antesala y arranque del Mundial. Al 19 de marzo de 2026, la UdeG reportaba 197 incendios en el estado, cuando todavía faltaba buena parte del estiaje.
Y no es un peligro lejano al estadio: en 2021, un incendio en La Primavera obligó a cancelar un entrenamiento en el Akron, además de activar recomendaciones para no hacer actividades al aire libre. Si el bosque arde, el humo no pide boleto.
Spoiler: El problema de Guadalajara no es una sola crisis. Es su acumulación. Narco capaz de alterar carreteras y transporte. Desapariciones masivas. Reclutamiento criminal. Agua bajo sospecha. Un brote epidemiológico todavía reciente. Un temporal que mata. Un bosque que cada año entra a su fase crítica. Una movilidad que se arrastra. Y, encima, la presión de recibir a millones de visitantes mientras el gobierno apuesta a que la estética alcance para tapar la estructura.
La ciudad espera unos 3 millones de visitantes. La pregunta ya no es si Guadalajara puede montar un Mundial. La pregunta es: ¿cuántas de sus crisis reales pueden irrumpir al mismo tiempo mientras el mundo la está viendo?
