NIÑEZ COMO ESCUDO.
Les voy a explicar el truco discursivo de Pablo Lemus, su "defensa" a las niñas y los niños y cómo los convirtió en rehén de su mensaje político.
JALISCOPORTADA


Lo que se discutió en el Congreso no era “cambiarle el sexo” a nadie: era un trámite del Registro Civil para que el acta coincida con la identidad. Pero Lemus lo narra como amenaza a “las niñas y los niños”. Eso no es gobierno: es pánico moral para ganar la conversación.
La escena (y el engaño)
Lemus se para frente a la cámara con seño fruncido, con una frase que suena a abrazo: “con nuestras niñas y niños…”. Y con eso te mete una idea en la cabeza: “los están atacando”. El problema: el texto legal no dice lo que él sugiere. Y la Suprema Corte ya trazó la ruta.
Lo que sí está en papel
La SCJN ya tumbó la barrera de “solo mayores de edad” en Jalisco y ordenó al Congreso emitir normas para que el procedimiento cumpla estándares constitucionales (incluyendo a menores para no discriminarlos).
La SCJN ha dicho que excluir a menores y mandarlos a juicio no es constitucional: hay una vía administrativa igualmente idónea y deben aplicarse interés superior, autonomía progresiva y derecho a ser escuchados.
El dictamen local que se discutió sí prevé intervención de madre/padre/tutor: para menores, pide escrito firmado por quien ejerza patria potestad o tutela. No es “lo hacen solos porque sí”.
El Congreso de Jalisco volvió a desechar la reforma (votación: 22–11–1) y el tema va a escalar a la Corte por posible incumplimiento/choque institucional.
Entonces, ¿por qué digo que “toma rehenes” a niñas y niños?
Porque usa a toda la niñez como escudo emocional para frenar un derecho que afecta a una parte de la niñez, y lo hace cambiando el contenido real del debate.
El mecanismo
Cambia “papeles” por “cuerpo”. Habla como si el tema fuera “cambiar de sexo”, cuando el núcleo es un acta y un procedimiento registral. La SCJN, además, ha remarcado estándares que evitan requisitos médicos indebidos.
Cambia “procedimiento con reglas” por “amenaza”. Cuando dices “no se metan con niñas y niños”, ya no discutes reglas, plazos, derechos, ni sentencias: discutes miedo.
Convierte un mandato jurídico en pleito moral. La pregunta legal es: ¿cómo armonizas la ley estatal con la sentencia? La pregunta que él instala es: ¿estás a favor o en contra de “proteger a los niños”? Eso es propaganda: te obliga a elegir bando, no a entender.
Esa operación vuelve “rehenes” a niñas y niños porque los usa como moneda retórica: si lo criticas, pareces “enemigo de la niñez”; si lo apoyas, ya no preguntas si está cumpliendo la Constitución y la Corte.
Por qué es “solo discurso”
Porque el discurso de Lemus no sustituye lo que obliga el orden jurídico:
La Constitución prohíbe discriminar y obliga a todas las autoridades a promover y garantizar derechos. Lemus, en su mensaje y discurso, discrimina y niega derechos.
Y la propia Constitución fija la supremacía constitucional: no es “a ver si el Congreso quiere”.
La Corte, además, está revisando el tema justamente por la tensión entre sentencia y rechazo político.
Spoiler:
Si Lemus de verdad quisiera “cuidar a la niñez”, estaría hablando de cómo cumplir la sentencia con salvaguardas (confidencialidad, acompañamiento, ruta clara cuando hay conflicto familiar), no de convertir el tema en guerra moral.
