PABLO SE BURLA.
Mientras en Jalisco hay madres buscando a sus hijos en fosas, jóvenes desapareciendo todos los días y se incrementan las muestras de inconformidad ante el aumento en la tarifa del transporte público, el gobernador responde burlón a una crítica social rifando vuelos a Nueva York.


La burla de Pablo...
No es un error de comunicación.
Es una desconexión moral.
Pablo Lemus se burla de la polémica diciendo que la “extrema izquierda” se indignó porque habló de pagar un café en Nueva York. Y remata anunciando que regalará seis vuelos para que quien se inscriba a la tarjeta “pueda echarse un cafecito en Nueva York”.
¿Ese es el nivel del debate público en un estado con tarifazo al transporte público, crisis de desapariciones, infiltración criminal y señalamientos internacionales contra operadores vinculados al narco?
No es el café en Nueva York.
Es el tono.
Gobernar no es hacer stand-up.
No es provocar para ganar likes.
No es convertir una política pública en una dinámica de rifa.
La gente no está enojada porque no pueda viajar.
Está enojada porque no puede vivir en paz.
Mientras se presume popularidad, se minimizan investigaciones, se arrendan patrullas de lujo y se celebra la aprobación en encuestas, el mensaje que se manda es este: la forma importa más que el fondo.
Un gobernador no es influencer.
No es conductor de morning show.
Es responsable de la seguridad, la justicia y la dignidad pública.
Y cuando la respuesta ante la crítica es “yo pago de mi bolsa tres vuelos”, lo que se exhibe no es generosidad: es frivolidad en medio del horror.
En un estado herido, el sarcasmo desde el poder no es frescura.
Es falta de gravedad.
La pregunta no es quién gana la discusión en redes.
La pregunta es: ¿quién está gobernando con la seriedad que exige la realidad?
