PODER LEGISLATIVO AUSENTE.

El Congreso de Jalisco entra en días inhábiles dejando vivos tres expedientes centrales: reforma judicial, SIAPA y transporte. Demasiado pendiente para un poder subordinado todavía.

Víctor González

4/3/2026

El Congreso de Jalisco aprobó días inhábiles del 30 de marzo al 10 de abril de 2026. Se va al descanso dejando abiertos asuntos que no admiten pausa, porque afectan justicia, agua y movilidad diaria.

No estamos hablando de asuntos menores ni de trámites administrativos. Hablamos de la reforma judicial, del modelo institucional frente al SIAPA y del enredo permanente del transporte público, tres temas que exigen definición política ya.

En el caso de la reforma judicial, el propio Congreso recibió alertas desde febrero: si no se cumple el calendario, en 2027 podrían integrarse órganos judiciales sin haber sido electos conforme reforma a la Constitución.

Lo grave no es solo el retraso. Lo grave es la señal: Jalisco sigue discutiendo si armoniza o no una obligación constitucional, como si el tiempo legislativo pudiera suspender las consecuencias jurídicas por mero capricho.

Y mientras eso ocurre, el tema del SIAPA sigue atrapado entre reportes de mala calidad del agua, más de nueve mil reportes acumulados desde 2020 y un Congreso que todavía no fija ruta de fondo.

Peor aún: el director del SIAPA canceló su comparecencia ante el Congreso a mitad de la crisis. Si el funcionario evade la rendición de cuentas y el Poder Legislativo lo tolera el mensaje es devastador.

Porque el Congreso no está para citar funcionarios y cruzar los dedos. Está para exigir respuestas, fijar responsabilidades, abrir expedientes públicos y definir si el SIAPA seguirá parchándose o si por fin habrá rediseño institucional.

En movilidad tampoco hay claridad. El Congreso aprobó en enero solicitar un referéndum por el alza al pasaje y en febrero creó comisiones especiales, pero a finales de marzo el conflicto sigue abierto sin cierre.

El gobernador reculó del cobro directo de 14 pesos y anunció una tarifa de 11 pesos, pero el tema no quedó resuelto. Sigue la disputa sobre subsidios, condiciones y la calidad real del servicio público.

Incluso dentro del propio Congreso, diputadas han denunciado que la Comisión de Movilidad funciona como congeladora para los asuntos incómodos. Eso confirma que el problema no es falta de tema, sino falta de voluntad política.

Entonces sí: el Congreso se va de vacaciones, pero no deja un trabajo concluido, deja una colección de evasivas. Y cuando un poder se acostumbra a posponer lo esencial, termina renunciando a representar a nadie.

Ese es el fondo del reclamo. El Legislativo no puede operar como oficialía de partes del Ejecutivo, aprobando calendarios, comparecencias o comisiones sin traducir nada de eso en decisiones que cambien la realidad del estado.

Si el Congreso quiere recuperar su esencia, debe volver a ser contrapeso, deliberación y representación. Debe corregir, modificar o frenar lo que venga de Palacio cuando haga falta, no administrarlo con obediencia ciega y cómoda.

De seguir así, Jalisco seguirá acumulando legislaturas intrascendentes: mucho discurso, poca soberanía y casi ninguna decisión histórica. Y eso, en un estado con crisis de justicia, agua y movilidad, no es rutina parlamentaria: es renuncia.