TARJETA OBLIGADA.

Dos viajes gratis para menores suenan bien. El fondo es otro: la Tarjeta Única entra a fuerza y el dinero público vuelve directo a transportistas.

Víctor González

4/21/2026

Le pusieron rostro amable: niñas y niños viajando gratis. Pero detrás del anuncio hay una idea más grande y más insistente: meter la Tarjeta Única al estilo Jalisco a como de lugar en la vida.

El gobernador Pablo Lemus anunció dos viajes diarios gratuitos para menores de 5 a 12 años y dijo que la meta inicial es beneficiar a 75 mil niñas y niños en todo Jalisco al arranque.

Además, el trámite no es automático: para obtener el apoyo, el padre, madre o tutor debe contar primero con la Tarjeta Única y luego registrar al menor en la plataforma oficial del programa estatal.

Ahí aparece la primera grieta. No sólo te venden pasajes gratis: te obligan a entrar a un ecosistema donde una sola tarjeta sirve para transporte, apoyos, Mi Bici, pagos, ahorros y servicios financieros también.

Las cuentas que se han repetido públicamente parten de algo simple: dos traslados de cinco pesos por día para 75 mil menores. Así, el costo sería de 750 mil pesos diarios, en teoría inicial.

Si esa operación se proyecta a treinta días, da 22.5 millones al mes; si se estira a doce meses completos, sube a 270 millones al año. Pero eso supone subsidio todos los días del año.

Y ahí está el detalle que nadie aclara completo: la información oficial revisada confirma dos viajes diarios y 75 mil beneficiarios, pero no precisa en publicaciones si el cálculo corre por días escolares o calendario.

Aun con esa reserva, el mensaje político ya se ve claro: bajo la bandera de ayudar a las familias, el Gobierno garantiza flujo de dinero a los concesionarios sin anunciar, al mismo tiempo, mejoras exigibles.

Porque si la Tarjeta Única va a como de lugar, entonces no estamos sólo ante una medida social. Estamos frente a una arquitectura de control, padrón, dispersión de apoyos y negocio montada sobre transporte público.

La pregunta, entonces, no es si ayudar a la niñez está bien. La pregunta es otra: qué compromisos existen con los empresarios del transporte para seguirles metiendo dinero público sin tocar el sistema de fondo.