TRAGAMONEDAS Y ALCALDES
¿Sabías que cada que le metes una moneda a la maquinita de la esquina estás financiando actividades de la delincuencia organizada?
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Estuve en la más reciente sesión del Consejo Estatal de Seguridad Pública.
Fue exactamente lo que uno espera: una pasarela de egos políticos, barnizada de institucionalidad y rodeada de séquitos.
Lo importante no se dijo al principio.
Ni en los discursos rimbombantes.
Lo dijo al final el General de División Porfirio Fuentes Vélez, comandante de la V Región Militar.
Cuando ya nadie escuchaba.
Cuando los funcionarios miraban el celular.
Cuando los reporteros ya tenían dictado el encabezado fácil.
El general pidió algo incómodo:
combatir las máquinas tragamonedas que inundan las tiendas de la esquina.
Dijo lo que todos saben pero pocos dicen:
“Es uno de los principales ingresos de la delincuencia organizada.”
Y no hubo reacción.
El alcalde de Tlajomulco, Quirino Velázquez, se escudó:
“Más tardamos en quitarlas que en lo que aparecen otras”, justificó.
La alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, repitió su guion sin salirse de éste:
“Nos vamos a coordinar con la federación”.
Su vocero remató con la clásica evasiva:
“Es delito federal”.
Y así.
Patearon el problema.
Lo sacaron por la puerta de atrás.
Como si no supieran —porque claro que lo saben—
que las licencias de esos lugares las dan ellos.
A ellos les corresponde la vigilancia.
Y las pueden cancelar.
Ver una máquina tragamonedas en una tienda es ver una omisión municipal con patas y luces.
Porque además: eso es permitir un delito, y federal, como ellos señalan.
Y en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco, ese delito se tolera.
Se normaliza.
Se deja crecer.
Como hongo en verano.
No hay pretextos.
Las tiendas de las colonias populares están llenas de esas máquinas.
Algunas parecen minicasinos.
Y mientras el narco cobra su parte, el gobierno simula que no ve.
No es un escándalo nuevo.
Es una rendición vieja.
Hace años que los gobiernos locales entregaron la seguridad.
No lo dicen.
Lo hacen.
Con cada omisión, con cada excusa, con cada “es delito federal”.
Siempre hay una salida para no enfrentarse al crimen.
Siempre.
Y mientras tanto, somos nosotros los que pagamos.
